Cèrvoles

Algunos proyectos exigen la perspectiva que sólo da el tiempo para que pueda apreciarse su verdadera dimensión.

Es el caso de Cérvoles Celler, el reto que emprendió Tomàs Cusiné hace ya 20 años con el propósito de rendir homenaje a un territorio vinícola ancestral, recuperando una práctica que por entonces no propiciaba mayor interés en el mundo del vino: la viticultura de montaña.

Habituado a trabajar el viñedo en las llanuras de Urgell -en los dominios de Castell del Remei, la propiedad que su familia adquirió en 1982- Cusiné vivió el descubrimiento de los viñedos de La Pobla de Cérvoles como una auténtica revelación, una inmejorable oportunidad para replantear su trabajo como viticultor, asumiendo un profundo compromiso con el paisaje de Les Garrigues y con sus gentes. El proyecto representaba también un retorno a los orígenes, sin que ello implicase dar la espalda a los avances tecnológicos del presente (y el futuro).

Así, en 1997, nacía Cérvoles Celler, una bodega concebida para producir vinos de finca de gran calidad, que fueran una clara expresión del territorio en el que se cultivan y con la mirada orientada hacia lo más alto: el primer proyecto de viticultura de montaña que se concibió en Cataluña.

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